BLOG DE POESÍA

POEMAS DE MANUELA PASO

miércoles, 7 de marzo de 2012

PAPIROFLEXIA

Tú tenías un hombre.

Tumbada sobre testigos de peluche,
mi sudor fronterizo y la costura inexperta de mis vaqueros.

Él veía la televisión a goterones con el olfato en el túnel de las piernas.

Nos movíamos como piezas en un tablero caliente:

en el dormitorio maquillando el temblor de ti misma y sobornando a una peluca, tú;
en la cocina con la camiseta rota y el pelo en sombras, yo.
Desde el salón, nos miraba a las dos con la lengua de los perros.  

Pero tenías ese hombre para ti
como lingotes de fuerza, como un paracaídas libre, como una lanza de oro.

Yo sacudía una vergüenza desamparada
que transparentaba mis rodillas, el ombligo,

un hombro quemado.

Y él, que era tuyo, hacía papiroflexia con mi fondo:

avión, barco, pájaro, camello, rosa, pez,
manzana.

Y tuyo
flagelaba sus tiempos contra mi hora escasa:   
se mecía en el irse de las manos.

Hasta que,
deslizada por el pasillo la afonía del sexo,
tus celos
ponían el despertador.





martes, 25 de octubre de 2011

ÚLTIMO LLANTO EN PARÍS

Se trataba de llorar con todas sus lágrimas y Marlon Brando
estaba muy hermoso en aquella película

como una rosa colgada boca abajo a la que maquillan el desprendimiento.

Nada de nombres
le decía él a ella en un colchón sin norte ni sur;

con las esquinas de la carne como el único lugar al que volver.

Sin citas previas, sin comida en el frigorífico, sin sillas ni mesas;

recordar que había una escalera de mano abierta por la que los amantes transitaban
tristes o desnudos.

Se trataba de hacer llorar a Marlon Brando con todas sus lágrimas en aquella película:

Marlon el viudo salvaje,
follador ceniciento
que tenía una mujer y un hijo en cada isla;

que en su pecho se abría una cortina que daba paso a las nubes y al exilio de los pájaros.

Este hombre dice entonces que no puede llorar,
que no tiene lágrimas en aquella película

y cierra las tapas rojas de su alma sin cinco ni acción.

En el centro Bertolucci que astuto lo acaricia,
lo prepara como al niño que tomará un jarabe demasiado amargo:

Marlon, cuéntame ese sueño de hace un año en el que
asistías al funeral de todos tus hijos 

y un presagio de retratos fríos naufragaba en la respiración.



MASTECTOMÍA



 Zigzag de una dentellada en el pecho.

Supongo que yo tenía que estar en ese presente de internada luz
cuando tú
posaste rendida a las curas y los antibióticos.

Supongo que yo no debí hurgar en bolsillos de memorias y sacar

ante mí tu fotografía
desnuda como un río de leche de cuatro partos; primogénita envidia

no tan bella, no tan dura,
no tan misteriosa,

no tan sexualmente veraz como tú.

Supongo que era inoportuno protestar en las cenizas de la incitación
como si todas las hijas de las hijas
fuésemos hacia un igual
y supongo

que fue sabio que rindiendo la bandera blanca del dolor,
te mostraras más comprensiva que yo contigo y me permitieras

salir de la habitación con aquel exorcismo placebo:

“Vete de aquí, hija
y no mires, no mires,
no me mires.”

PSORIASIS


Una vez
mis sábanas filtraron la vergüenza.

Algo pasó con los míos.

Lo dice este pijama rojo talla 12 y mis bragas troqueladas.
Lo dice este jabón de azufre en mi piel que no persona:

que coral,
que piel celosía;

que cuerpo monologante en el que viaja más rápido el dolor de todos
que la propia historia.

Soy un vehículo.

En esta psoriasis baila mi abuela analfabeta
su oleaje prohibido entre las piernas.

En esta psoriasis testifica mi madre amenazas paternas
a cambio de unas onzas de silencio con chocolate;

En esta psoriasis

hablan los abortos en agua caliente,
la cárcel,

la pobreza desmayada.

Agoniza mi padre
mientras la promesa ventrílocua de que voy a escribir pase lo que pase
se ata a la garganta de esa enfermera.

Fuí el vehículo en una escama.
Si ahora me desnudase seguiría el grito,
las violetas,
un hombre llamando al timbre,
las hijas sin derecho a guirnalda en la escalera,
un pájaro acabado en el felpudo,
pelos negros y
un disfraz de princesa de Galerías Preciados que no encontró la salida.

  

domingo, 6 de marzo de 2011

TANATORIO



Hija
esta noche,
cuando todo el mundo se fue,
me elevé desde el tanatorio hasta tu cama
y te vi dormida.

Puse mi oído blanco sobre tu corazón
y estabas dormida.

Tu pareja te abrazaba
y dormíais.

No he sabido, entonces, qué hacer con el vapor de palabras
que traía  para ti el camino.
Para vosotros.

No he sabido qué hacer, entonces
con la insignia de plumas que para ti enramó el mar.
Para los dos.

Tampoco he sabido cómo brindarte el Aria
que la noche vertió para el esclarecimiento de la verdad.

Para el esclarecimiento de ambas.

Hija,
no me he atrevido a despertarte.

A pesar de saber
que mañana correrás hacia mi cuerpo álgido, cuesta abajo
como una pasajera sin billete a lo desconocido.

A pesar de saber
que suplicarás que nos dejen a solas un minuto
                                                            y otro                                                    y otro 
y te dirán que ya no más y gritarás

y gritarás y te sujetarán. Te sujetarán

y te darán una pastilla para los nervios.

Hija mía, mi amor, duerme
porque me consta que mañana
llorarás
                                             y llorarás                                                   y todo tu tiempo.

domingo, 30 de enero de 2011

TÚ NO TENDRÁS UNA MUJER ESTA NOCHE






Tú no tendrás una mujer esta noche.
Acepta los hechos.

Las doncellas caprichosas
se apiadan sorprendentemente esta noche
de ese cerdo indultado.
En su piara
le sonríen, le hacen gracias,
le dan besitos rosas en su desproporcionada cabeza.

Es frustrante pero
tú no tendrás una mujer esta noche.

Ellas han decidido sacar a pasear sus lebreles.
Les llevan comida dentro de sus sujetadores de Snoopy
y en sus pantys se huelen entramadas.

Así que admítelo.
Tú no tendrás una mujer esta noche.

Tetas salpicadas de brillantitos y pasos amarillos de Converse
a por unas copas.

Un caballo relincha en la barra, gozoso
ante la mirada de dos madrastras:
también éstas
están ocupadas
esta noche.

Pensaste equivocadamente que serían más fáciles:
son rápidas, listas y no marean.
Sin embargo,
intrépidas y borrachas,
se tiran a las crines de este alazán
como si se  atreviesen a acostarse con un hijo.

El semental cabecea entre dos mujeres y tú
no tendrás ninguna esta noche.


Sé comprensivo. Escúchate
olfatear tranquilo
todos esos perfumes en todos esos vaqueros
y mientras dejas que se cobren los otros el botín,
imagina templado
el peso de los ombligos bajo las ropas de las camas.

Sé sabio. Todo llega. Sonríe

asumiendo la carencia de un sudor golosina,
de un halago en voz baja con la música alta,
de una disculpa ante el empujón
que deja en evidencia una vacilante virilidad.

Aunque la noche
no te ofrezca la mujer que  mereces,
hazte un verdadero hombre entre los animales.




lunes, 3 de enero de 2011

VENGO DEL HOYO



Yo vengo del hoyo.

Vengo de las manos de mi padre y los ojos de mi madre.
Vengo de un hígado destrozado y unos pechos blancos bien negros.

De los vencidos y los condenados, vengo.

Y vengo de esas que quitan los hombres a las otras y,
después,
cuando esas les gritan su pena muda,
ellos las abandonan
y vuelven con las otras.

Nací en un hospital de una mujer y otra mujer porque mi padre no estaba;
él
tocaba un piano en una casa con una hija
a la que amó.

Actualmente disimulo, me maquillo,
me curo en salud.

Pero la verdad es
que yo vengo del hoyo.



domingo, 2 de enero de 2011

NECESIDAD


Es una cosa extraña
pero en la tumba de mi madre hay un hueco por el que cabe una mano.

Alguna vez
he acariciado ese vacío estigio entre nuestras dos vidas,
sin temerle a ese minuto de contacto
pues sólo se trata de una devastadora necesidad de perdón.

Es posible, sin yo sentirlo,
que mi vínculo tembloroso
roce aquella carta que le escribí al morir
donde le confesaba que la amaba a pesar de todo.

Y en la tierra que no alcanzo
se revolverán también las versiones silenciosas de mis hermanos,
nuestras fotografías de niños disfrazados de distintos,
dos euros para Caronte
y aquella virgen ortodoxa que lo presenció todo.

Es extraño, sí,
pero en la tumba de mi madre hay un hueco por el que entra y sale

mi mano.